La decisión de llevar a nuestro familiar mayor a una residencia de ancianos siempre ha sido de las más difíciles, tanto para el adulto mayor como para la familia, en gran parte por la concepción que suele tener de este tipo de lugares, que, para muchos, son sinónimo de abandono. Sin embargo, muchos de estos lugares se esfuerzan en crear un ambiente idóneo para que las personas de la tercera edad vivan sus años dorados en compañía de otras personas de su edad y lleno de cuidados, atenciones y actividades, siempre todo bajo la observación de personal profesional y capacitado.
Los beneficios de las residencias de ancianos son evidentes y cada vez son más reconocidas por la sociedad. Eso sí, continúa existiendo un gran número de personas que están asociadas a la utilización de residencias geriátricas no como la mejor opción para cuidar a las personas mayores, sino como una forma de deshacerse ellos, algo totalmente equivocado.
Ahora que parece que empieza a ser derrotada la pandemia que tantos problemas nos ha venido causando a lo largo del último año y medio, debemos centrarnos en algo que, desde luego, no podemos olvidar por más tiempo: nuestra felicidad. Durante todos estos meses, nuestro principal objetivo no era otro que el de mantenernos a salvo del contagio por COVID-19, pero ahora que la normalidad se va recuperando, vuelven las viejas ilusiones que teníamos aparcadas y por las que, desde luego, debemos seguir luchando en todo momento con independencia de las circunstancias.