Los bebés, esas criaturitas pequeñitas, blanditas e indefensas que alegran nuestro corazón y pintan una enorme sonrisa de felicidad en nuestros labios. Qué momento más dichoso, coger a un recién nacido en nuestros brazos, mecerlo, darle de comer, acariciarle la cabecita… y ser consciente, en el fondo de nuestro corazón, de que esa criaturita depende enteramente de nosotros.