Si bien es cierto que las tendencias en moda y complementos van cambiando de un año para el siguiente, no es menos cierto que existen joyas que no pasan de moda. Es más, las pasarelas recurren a ellas cada cierto tiempo.
Nos hemos cansado de ser esclavos de la moda. De ir variando nuestro look de una temporada a otra. Es por esta razón que los complementos atemporales, en especial lo que se refiere a la joyería, tiene un mayor impacto sobre nosotras y nosotros.
La joyería en la actualidad ha pasado a ser un reflejo de nuestra personalidad. Una expresión de nuestras inquietudes, de nuestros gustos, de nuestra manera de sentir. Como tal, se integra en nuestra apariencia estética, reforzándola, pero sin acaparar el protagonismo.
En la revista mexicana Joya Magazine, la diseñadora María Paula Azmecua explica como las joyas reflejan nuestro estado de ánimo. En una de sus últimas colecciones, como diseñadora de joyas, apostó por esferas de cristal que captaban la luz y la reflejaban en un destello. Con este recurso pretende transmitir la sensación de que nada es para siempre. Aunque nos deslumbre. Tanto si es bueno, como sí es malo, lo que nos está pasando, no se quedará con nosotros de por vida. Esto nos da una lección, si nos causa daño, algún día desaparecerá, encierra esperanza. Si nos produce dicha, exprímelo al máximo.
Hay joyas que transmiten empoderamiento. Cuando la mujer las lleva puestas se siente más bella, más elegante, más exitosa. Otras, en cambio, pueden reflejar evasión. La psicología del color tiene bastante peso en joyería. Así, una joya de tonos azules puede reflejar tristeza, nostalgia; pero también la búsqueda del equilibrio. Mientras otra joya de tonos cálidos, rojizos, transmiten pasión y vitalidad.
Es por eso, que para sentirnos bien con las joyas que llevamos, para comunicarnos a través de ellas, no podemos dejaros influir totalmente por las tendencias del momento. Es aquí donde cogen protagonismo las joyas atemporales de las que te estoy hablando.
Los collares de perlas.
Los collares de perlas se han convertido en un símbolo de feminidad. Una elemento que conecta a mujeres de diferentes edades y épocas. Es esa joya clásica que no falta nunca en el joyero de nuestras abuelas, y que sus nietas han reinventado dándole nuevas opciones.
Ese collar de perlas ya lo utilizó Coco Chanel en los años 20 como el complemento ideal de sus creaciones. La revolucionaria de la moda empleó las perlas para potenciar esa imagen de mujer inquieta, empoderada, capaz de cuestionar y romper los prejuicios sociales, pero sin renunciar en ningún momento a su elegancia natural.
Sean perlas cultivadas o imitaciones, las perlas han estado acompañando a la mujer en los últimos 100 años, sin apartarse de ella. Hoy tienen un papel protagonista en la joyería contemporánea.
Anillos con símbolos tribales.
Ciertos símbolos celtas como el trisquel, que representan el equilibrio entre la mente, el cuerpo y el espíritu o entre el pasado, el presente o el futuro; o la triqueta, el nudo de la trinidad, que son tres arcos entrelazados, que simbolizan la eternidad, lo podemos encontrar en multitud de anillos, colgantes y pendientes.
Algunos de estos símbolos, que son milenarios, han cogido protagonismo en los últimos tiempos ya que se asocian con filosofías ligadas al crecimiento personal, como el árbol de la vida.
Sin embargo, como nos cuentan los joyeros artesanos de Joyería Corma, una joyería de Santiago de Compostela que recurre con frecuencia a estos diseños desde que fundó su taller en 1987, se trata de elementos típicos de la joyería gallega. Una joyería con siglos de tradición, que utiliza la plata como materia prima básica y que la combina con piedras semipreciosas del lugar como el azabache gallego y los esmaltes cristalinos.
Es curioso, porque viendo estas joyas nos parecen modernas, actuales, pero se trata de joyas que llevan luciendo mujeres del noroeste de la península desde hace cientos de años.
La sortija con diamantes.
Si quieres pedirle matrimonio a tu novia y que sea un rotundo éxito, regálale una sortija con un diamante. No podrá resistirse. No te dirá que no.
Aparte de la belleza incuestionable del diamante, esta piedra preciosa tiene un profundo significado. El diamante es uno de los materiales más fuertes que existen. Fuera de la joyería se utiliza para grabar el metal y para cortar el vidrio. Con este anillo, le estás indicando que tu amor es fuerte y sincero.
Un diamante no pierde el brillo aunque pasen los años. Es una piedra eterna. Como el amor que profesas a tu amada.
Tu futura mujer, con la que pretendes compartir tu vida, es consciente que el anillo que le has regalado te ha supuesto un sacrificio. Los diamantes no son baratos. Con este detalle le estás demostrando lo importante que es ella para ti, y lo que eres capaz de hacer por ella.
Pendientes de aro.
Los pendientes de aro son un diseño ancestral. Quizás proveniente del neolítico, si no antes. Se han descubierto pendientes de este tipo en multitud de excavaciones arqueológicas, repartidas por todo el mundo.
Son a su vez un elemento tribal. Los llevaban las esclavas negras en el Caribe y las mujeres gitanas en España.
Con todo eso, es una joya elegante, que dependiendo del tamaño, del grosor y del material, lo puedes utilizar en multitud de ocasiones. Con diferentes looks.
Los aros medianos o grandes alargan visualmente el cuello y la cara. Estilizan el rostro de la mujer. Los aros dorados, o con un brillo suave, iluminan los pómulos. Generando un efecto rejuvenecedor y aportando un toque fresco que suaviza la expresión facial.
Por su forma geométrica circular, tienen la capacidad de enmarcar el rostro. Lo que hace que las miradas se desvíen hacia la cara de la persona que los lleva puestos. Un complemento de belleza que algunos se han atrevido a definir como el lifting natural.
Pulseras de cadena.
Las cadenas son un diseño recurrente en joyería. Los podemos ver en collares, de hecho, hablaremos de ellos más a delante, pero también en pulseras.
La ventaja de las cadenas, es que al estar formadas por eslabones, podemos hacerlas tan largas como queramos. Esto resulta bastante útil en el caso de las pulseras, ya que se pueden adaptar a la anchura de cualquier muñeca.
Los eslabones se pueden fabricar casi con cualquier metal. Lo que permite que estas cadenas las encontremos con diferentes materiales: oro, plata, platino, acero.
Hace 40 años, entre los hombres eran populares las esclavas. Pulseras gruesas de cadena, generalmente de oro, que llevaban una placa en el centro que se podía grabar.
Las pulseras de cadena actuales se llevan más en mujeres que en hombres. Las cadenas son más finas, y generalmente de plata. Se pueden acompañar con medallas y con accesorios, lo que permite un alto nivel de personalización.
Estas pulseras son un básico en joyería que no puede faltar en el joyero de ninguna mujer.
Relojes clásicos de pulsera.
Si bien no podemos considerarlos como una joya, en sentido estricto, podemos afirmar que si existe un complemento de joyería típicamente masculino, ese son los relojes de pulsera.
Un reloj dice mucho del caballero que lo lleva. Nos indica que es una persona seria y puntual. Que su tiempo tiene un precio. Por eso necesita saber qué hora es y controlar los minutos u horas que dedica a cada cosa.
Dependiendo del tipo de reloj que lleve, nos está comunicando una información valiosa sobre su personalidad. Los relojes de tipo deportivo, con cronómetro, barómetro y otras funciones, nos indican que es una persona activa, dinámica. Mientras que los relojes más clásicos señalan que es una persona con valores tradicionales.
En los relojes de caballero, continúan siendo más elegantes los relojes clásicos de esfera, con manecillas, que los modelos digitales o con pantalla led. Además, en el cuerpo del reloj o/y en la cadena podemos encontrar metales nobles como el oro o la plata que manifiestan su buen gusto.
Broches vintage.
Los broches son un complemento de joyería, ligado a la moda, que se han vuelto a poner de actualidad. El periódico digital Artículo 14 señala cómo han resurgido con fuerza y vuelven a marcar tendencia.
Los broches, además de su apariencia estética, ya que pueden estar fabricados con metales como el oro o la plata y contener piedras preciosos o semipreciosas, combinadas con un diseño artístico, tenían una función práctica. Servían para cerrar una prenda (una chaqueta, una capa, un abrigo), para fijar un complemento (un pañuelo) o para darle un toque distintivo a una prenda básica.
Los broches han sido utilizados con frecuencia por la realeza. La reina Isabel II de Inglaterra, Sara Ferguson y Lady Di los usaban habitualmente. Así como en España los han empleado las reinas Sofía y Leticia en múltiples ocasiones. Pero lo cierto es que este es un complemento popular. Que han empleado mujeres de diferentes estratos sociales.
Hoy, este elemento que tanto usaban nuestras abuelas, se ha vuelto a poner de moda para personalizar cualquier outfit.
Collares de cadena con medallas.
Esta es una joya ligada a nuestra cultura católica, y que ha sobrevivido al paso del tiempo, adaptándose a la cultura actual.
Hasta hace no tanto tiempo, tanto hombres como mujeres, solían llevar cadenas de oro o de plata, de la que colgaba la medalla de un santo, o una cruz. Tenía un significado religioso, pero también era un amuleto.
Se suponía que el santo, del que éramos devotos, al caer la medalla sobre nuestro pecho, cerca del corazón, nos iba a proteger y nos daría buena suerte.
La mayor parte de la sociedad española es menos religiosa o practicante de lo que era antes. Por lo que estas medallas religiosas se han sustituido por colgantes con diferentes diseños, algunos con un significado mágico, como el ojo de Orus (de origen egipcio) o el trébol de cuatro hojas (proveniente de la tradición celta de Irlanda).
En otras ocasiones sustituimos las medallas por una placa que se puede grabar. Inspiradas en las placas que llevaban los soldados americanos en la Segunda Guerra Mundial.
Lo cierto es que esta joya de origen religioso sigue presente en nuestros días, utilizando, quizás, otros diseños. Una muestra de que la religión impregna la cultura de los pueblos y que va más allá de los ritos y creencias.
Anillos de sello.
Los anillos de sello eran una joya masculina, que fue utilizada ya en la edad media, y que ahora se ha vuelto un complemento clásico y unisex. La web de información Infobae resalta que están causando furor y que grandes firmas de la moda como Dior y Louis Vuitton se han fijado recientemente en ellos.
Estos eran anillos gruesos, por lo general de oro, que en la parte frontal, sobre una superficie plana, tenían grabado, a veces en sobre-relieve, el escudo de la familia, o un sello que identificaba a la persona.
Cuando poca gente sabía escribir, este sello se utilizaba para firmar documentos. El que lo suscribía, se quitaba el anillo, lo mojaba ligeramente en tinta y lo estampaba sobre el papel. También se utilizaba para lacrar las cartas y paquetes. Estos envíos se sellaban con cera roja y cuando aún estaba caliente, se presionaba con el sello del anillo. De esta manera, el destinatario podía comprobar la autenticidad de la correspondencia.
El uso habitual de estos sellos, hacía que los hombres lo llevaran siempre consigo en forma de anillo.
La presencia estética de estos anillos no solo ha hecho que no pierda vigencia, sino que sea una joya adoptada por las mujeres.
Pendientes de botón.
Los pendientes de botón son esos pendientes pequeños y discretos, que si bien embellecen el rostro, no llaman demasiado la atención.
Se trata de otra joya atemporal, en la que pueden ir cambiando los diseños, pero en el que el modelo de joya se sigue manteniendo en el tiempo.
Es una de esas joyas que puedes guardar en tu cajón durante años y lucirla cuando te apetezca, sin miedo a que quede desfasada.
Gran parte del joyero de cualquier mujer, me atrevería a decir que también de muchos hombres, está conformado por las joyas que hemos visto en este artículo.