Opositar es presentarse a un proceso de selección con la finalidad de acceder a un puesto laboral fijo dentro de la administración pública. Superar la prueba de acceso incluye realizar una serie de pruebas o ejercicios, todos ellos diseñados para poder llevar a cabo una completa evaluación de los conocimientos, aptitudes y competencias de los candidatos o aspirantes. El solo hecho de aspirar a realizar esas pruebas constituye un trabajo en sí. Sin remuneración, salvo que obtengas la plaza, pero un trabajo.
Los opositores concienciados dedican mucho tiempo al día al estudio del temario que compone la oposición. Lo que supone pasar muchas horas hincando los codos y preparándose para cada una de las fases que puede componer el proceso. En algunos casos, la oposición consiste en un solo examen, mientras que, en otros, se compone de varias fases en las que pueden incluirse pruebas físicas, como veremos más adelante.
Cada año son miles, cientos de miles podríamos decir, las personas que toman la decisión de hacer una oposición con la que obtener un puesto de trabajo fijo en alguna de las administraciones públicas. Superar una oposición proporciona estabilidad laboral, unas buenas condiciones laborales y supone una excelente alternativa al empleo privado. Sin embargo, los procesos selectivos pueden resultar complejos cuando no se entiende su funcionamiento. Por lo que vamos a proporcionar la información necesaria para que aquellos que quieran opositar sepan cómo hacerlo.
De forma breve, diremos que las oposiciones son procesos selectivos con los que acceder a la administración pública; cada oposición cuenta con su propio sistema de selección, plazas y pruebas selectivas; y aprobar no garantiza la obtención de la plaza. Tan solo las mejores notas acceden de forma directa a su plaza, en tanto que el resto pueden entrar en las bolsas de empleo. Las oposiciones salen publicadas en el BOE o diarios oficiales de cada comunidad autónoma.
En que consiste una oposición
En trabajar duro y constantemente para aprender todo lo necesario y superar las pruebas de acceso. Una oposición, como nos explican desde Inafo, academia de preparación para oposiciones experta en agentes forestales y medioambientales, entre otras, es un proceso de selección mediante el que se puede acceder a un empleo ofertado por la administración pública. Este proceso es la forma de la que disponen los organismos públicos para comprobar que aquellos que se presentan cumplen con los requisitos necesarios para el puesto y están preparados para realizar las funciones correspondientes.
Todo proceso de oposición se basa en los principios de igualdad, mérito y capacidad, de manera que todo aquel que se presente cuente con las mismas oportunidades.
No todas las oposiciones funcionan de la misma manera. Algunas de ellas se basan solo en un examen (oposición), mientras que en otras se cuenta con la experiencia o formación previa del aspirante, en lo que se conoce como concurso-oposición. La oferta de empleo público se publica en el Boletín Oficial del Estado y los diarios oficiales correspondientes a cada comunidad autónoma, como ya hemos comentado, junto a toda la información correspondiente a los requisitos para poder presentarse.
En función del tipo de plaza y organismo que convoque la prueba selectiva, los requisitos de las oposiciones pueden variar de forma considerable. Por lo que existen diversos tipos de oposiciones y clasificación. Aspecto a tener en cuenta antes de presentarse.
Teniendo en cuenta el tipo de personal, es decir, la condición laboral a la que se aspira mediante la oposición, podemos encontrar dos opciones: funcionario de carrera y funcionario interino. La primera es la persona que obtiene su plaza fija tras la realización y superación del proceso selectivo. Su relación laboral con la administración es estable e incluye ventajas como la promoción interna y beneficios sociales. En cuanto a los funcionarios interinos, se trata de las personas que trabajan de manera temporal en la administración, cubriendo alguna vacante libre o debido a necesidades puntuales.
Este tipo de funcionarios accede igualmente, a través de un proceso selectivo, sin que su plaza sea la definitiva. La experiencia laboral previa puede influir en las futuras convocatorias o bolsas de empleo, añadiendo puntos.
Por otro lado, existe el denominado personal laboral que firma un contrato para trabajar en los organismos públicos, con unas condiciones semejantes a las que ofrece el sector privado. Estos contratos pueden ser igualmente indefinidos o temporales y, a jornada completa o parcial. Este personal suele asumir funciones de confianza o asesoramiento, siendo nombrado por la autoridad que requiere su servicio, sin que sea necesario recurrir a un proceso previo de selección.
Teniendo en cuenta el tipo de titulación académica que se requiere para obtener la plaza, existen varios tipos de oposición. Cada uno de ellos implica contar con un determinado nivel de estudios para presentarse:
- Grupo A1 y A2: requiere disponer de titulación universitaria.
- Grupo B: es necesario contar con un título de técnico superior.
- Grupo C1 y C2: a estas plazas se puede acceder con el título de bachiller, técnico o ESO.
Pasando al organismo que convoque las plazas, se gestiona el proceso y se publica la oferta de empleo público a través de sus canales oficiales. Los principales organismos convocantes son:
- Administración del Estado: ministerios, agencias y cuerpos nacionales como Hacienda o Policía Nacional.
- Comunidades autónomas: sanidad, educación, justicia y ámbito territorial.
- Ayuntamientos: servicios locales como policía municipal, limpieza o atención al ciudadano.
- Universidades públicas: personal docente y administrativo.
- Organismos internacionales como la Unión Europea o las Naciones Unidas.
El proceso de una oposición
El inicio de un proceso de oposición comienza inevitablemente con la publicación de la convocatoria en el BOE o diario oficial de la comunidad autónoma. En la publicación, se incluyen las bases explicando todos los detalles de la oposición en cuestión: requisitos, temario, tipo de pruebas, plazos y plazas disponibles. Una vez que se abre el plazo de inscripción, hay que inscribirse por las vías establecidas y esperar a que se publique la lista de las personas admitidas y excluidas. Posteriormente, pudiendo pasar meses, se convocan las pruebas a realizar, que pueden celebrarse en una o varias fases. Esto depende del sistema de selección.
Una vez finaliza la fase de oposición, algunas convocatorias incluyen la valoración de méritos de los aspirantes, aplicada únicamente a aquellos que superan el examen. En determinados cuerpos, como pueden ser Justicia, Correos o las fuerzas de seguridad del Estado, el proceso puede completarse con una fase de prácticas o un periodo de formación y capacitación, previo a la incorporación al puesto. Por lo que, aunque se supere el examen, la obtención de plaza no siempre es posible. Tan solo aquellos que obtienen la mejor puntuación acceden de forma directa a su plaza, mientras que el resto se queda en la bolsa de empleo.
Como venimos señalando, las oposiciones suelen consistir en varias fases eliminatorias. Si no se supera una prueba, no se puede pasar a la siguiente, quedando fuera del proceso selectivo. Los tipos de pruebas más comunes que se realizan son los siguientes:
- Examen tipo test con preguntas de opción múltiple con lo que se repasa el temario de la oposición.
- Preguntas de desarrollo en las que hay que redactar respuestas más completas.
- Casos prácticos desarrollados para resolver situaciones similares en el puesto de trabajo.
- Psicotécnicos con los que se miden habilidades como la lógica, la memoria y la concentración.
- Pruebas físicas, fundamentales en determinados cuerpos como la policía o los bomberos.
- Entrevista personal con la que se valora la actitud, la motivación o la experiencia del candidato.
- Test de competencias digitales para comprobar el manejo del ordenador.
- Reconocimiento médico que confirma el cumplimiento de los requisitos de salud necesarios.
Ahora que ya sabemos cómo se produce un proceso de oposición, resulta interesante conocer cómo se debe preparar el aspirante. Si algo requiere una oposición, es tiempo, constancia y planificación. Por lo que es fundamental leer con atención las bases de cada oposición y elegir correctamente a la que se quiere presentar cada uno. Antes de empezar a estudiar, hay que conocer todo lo relativo a la oposición y comparar entre las opciones de empleo público para valorar en cuál se encaja mejor.
Una vez que se ha elegido la oposición en la que se quiere presentar, hay que crear un plan de estudios realista y que se adapte a la rutina del aspirante: definir las horas de estudio, los descansos y establecer objetivos semanales. Contar con una agenda o aplicación móvil puede ayudar a que se mantenga un ritmo estable y constante en la preparación. En lo que respecta al temario, hay que asegurarse siempre de que esté actualizado y cubra los puntos que exige la convocatoria. El temario se puede conseguir en academias, editoriales especializadas o mediante preparadores de oposición.
Elegir si te preparas en una academia, con un preparador o por libre y rodearse de personas que entiendan y apoyen el proceso son los elementos clave para llevar a cabo todo el proceso de oposición. Estudiar una oposición puede convertirse en un largo y agotador camino, por lo que nunca está de más contar con un entorno propicio para que la aventura de opositar sea más llevadera.