Zapatos que destrozan los pies.

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«Para lucir , hay que sufrir». Así nos lo ha hecho creer la industria de la moda durante demasiados años, pero nada más lejos de la realidad. En la actualidad, la moda y la belleza se viven cada vez más como sinónimos de naturalidad y bienestar. Aun así, algunos zapatos continúan presentándose como una opción atractiva para estilizar la figura, aunque ya es un hecho que su uso prolongado puede causar dolor y problemas de salud a medio y largo plazo. En este artículo te hablamos de aquellos modelos de calzado que conviene evitar o cuyo uso deberías limitar. Te invitamos a leer hasta el final, porque quizá desconozcas los efectos perjudiciales de algunos de ellos.

Recuerda que cuidar la salud de nuestros pies es fundamental. Soporta el peso de todo el cuerpo. Anomalías en la forma del pie o en el desarrollo de la marcha pueden ocasionar problemas de salud en las rodillas, en las caderas y de la columna. Prevenirlos comienza por escoger un buen calzado, además de respetuoso con nuestra pisada.

Muchas enfermedades de los pies tienen su origen en el tipo de calzado que llevamos: la fascitis plantar, los juanetes, los dedos en garra, las uñas encarnadas, los callos, el pie de atleta. Aquí quiero puntualizar algo importante. El calzado no tiene por qué ser la única causa, ni la causa principal en la aparición de estas dolencias. Pero tiene una incidencia determinante.

Te comentamos los tipos de calzado más perjudiciales para los pies en orden descendente. Del más dañino al más tolerable.

Las chanclas.

Algunas personas consideran que las chanclas son el calzado más cómodo para el verano. El pie está fresquito, transpira, permite lucir el bronceado, también en los pies. Tanto es así que las llevan puestas la mayor parte del día, no solo para ir a la playa o a la piscina.

Están completamente equivocados. La chancla tiene una planta completamente plana, sin inclinación alguna, que no permite una distribución adecuada del peso por la superficie del pie. Al dejar el pie sin sujeción en el talón, la musculatura del pie tiene que hacer un sobreesfuerzo en cada paso.

Caminar habitualmente con chanclas puede alterar la dinámica natural de la pisada, ya que el pie debe realizar un esfuerzo adicional para mantenerlas sujetas. Como explica la Clínica Podológica Oltra, el tipo de calzado utilizado influye en la salud y el funcionamiento del pie, así como en la postura, el movimiento y el equilibrio.

El movimiento normal que realiza el hombre al caminar es apoyar en un primer instante el talón y acto seguido efectuar un recorrido que va desde el talón hasta la punta de los dedos, imprimiendo impulso en cada paso y conservando la postura recta del cuerpo.

Al no fijarse la chancla al talón, el primer punto de contacto se desplaza hacia la parte central del pie, donde tenemos el arco plantar. Una zona blanda, de transición, en la que tenemos que contraer la musculatura para absorber el impacto que produce el choque del pie contra el suelo.

Todo esto sin olvidar que la suela no está sujeta al pie, por lo que tendemos a hacer garra con los dedos para que el calzado no se caiga.

Un artículo publicado en la página web de la BBC resalta que, al estar parados, de pie, con las chanclas puestas, estiramos al máximo la fascia plantar. Una banda elástica muscular, que conecta el talón con la base de los dedos, que absorbe los impactos del pie al caminar, correr o saltar. Este estiramiento excesivo puede provocar una inflamación conocida como fascitis plantar. Que nos va a provocar un dolor intenso cada vez que coloquemos el pie en el suelo.

La chancla es un tipo de calzado que se inventó para proteger nuestros pies al salir de la piscina o de la ducha. Para evitar que entre en contacto directo con zonas húmedas que favorecen la proliferación de hongos y bacterias. Utilizar las chanclas más allá de este fin supone arriesgarnos a padecer dolencias graves en los pies.

Zapatos de tacón de aguja.      

En el segundo puesto tenemos los zapatos de tacón de aguja. El blog de la cadena de supermercados Consumer señala que hay dos características que hacen que estos zapatos, tan populares entre las mujeres, sean tan perjudiciales para la salud. La superficie de la tapa del zapato y la altura del tacón.

Resulta curioso cómo la superficie de contacto del tacón con el suelo la limitamos a unos pocos centímetros. La tapa, la pieza de goma que protege el tacón. Este detalle altera la postura y la estabilidad del cuerpo. Para conservar el equilibrio corporal, nos vemos obligados a tensar los músculos y tendones de los tobillos, de la rodilla, de las caderas y estirar la columna vertebral.

Por otro lado, está la altura del tacón. Este tipo de zapatos tiene una altura que va de los 7 hasta los 12 cm. A partir de los 5 cm de tacón, el peso del cuerpo se desplaza hacia la parte delantera de los pies, en lugar de repartirse de manera equilibrada. En los zapatos de tacón alto, hasta un 75% del peso corporal lo desplazamos a la almohadilla metatarsiana, la zona del pie que tenemos en la base de los dedos. Esto nos va a provocar una inflamación, que se traduce en dolor y sensación de pesadez.

Los dos factores, tacón estrecho y altura del tacón, actúan de manera combinada. Uno no se puede separar del otro. Su actuación conjunta hace que se multipliquen las posibilidades de sufrir accidentes como esguinces de tobillo, dolores en la espalda y en el cuello, y es un factor que incide en la aparición de enfermedades como la artritis.

Cuanto más alto y estrecho sea el tacón, más atractivo resulta el zapato para algunas mujeres. Cuando en realidad, lo que estamos viendo es que es más perjudicial para su salud.

Los zapatos de tacón de aguja fueron ideados como zapatos de ceremonia, para acudir a una fiesta o un evento de postín, ya que estilizan la silueta de la mujer. En otros tiempos, era normal que la mujer llevara otros zapatos más planos en el bolso, para no cansarse y no castigar los pies. Colocándose los zapatos de tacón de aguja solo cuando tenía que ofrecer una imagen impecable. Hoy usamos los zapatos de tacón de aguja para salir toda la noche de fiesta o en el día a día, para ir a trabajar a la oficina.

Bailarinas.     

El podólogo Navor Pereira confiesa al periódico La Voz de Galicia, en una entrevista que le realizó este medio de comunicación, que llevar bailarinas es peor que caminar descalzo.

Está extendida la idea de que las zapatillas planas como las manoletinas o las bailarinas son un calzado extremadamente cómodo, adecuado para llevarlas en el día a día. La realidad es la contraria. Como indica el doctor Pereira, estas zapatillas no tienen contrafuerte en el talón, ni cordones. Lo que deja el calzado con poca sujeción, obligando al pie a realizar un esfuerzo constante para mantener la zapatilla en su sitio.

Esto va a provocar, por ejemplo, que alteremos la pisada. En ese intento porque el zapato no se nos caiga, podemos tender a girar el pie hacia dentro. Lo que se llama pronación o pie vago. En lugar de hacer que la mayor parte de la superficie del pie entre en contacto con el suelo, volcamos el pie hacia el lateral interior.

La sujeción del zapato es fundamental a la hora de caminar con él y llevarlo puesto. El calzado debe quedar sujeto al pie, pero sin apretarlo. Pero esta falta de sujeción no es el único problema que presentan las bailarinas. Su suela, en exceso fina y plana, es incapaz de absorber los impactos que se producen al caminar.

Cuando llevamos zapatillas de este tipo, solemos decir que notamos hasta las piedras de la calle. Aparte de esta incomodidad evidente, llevar bailarinas nos va a provocar molestias más graves en la zona metatarsiana y en el talón que aumentan las posibilidades de padecer una fascitis plantar.

Los zapatos de punta estrecha.     

Muchas de las deformidades habituales que sufrimos en los pies, tal y como señala el blog de Dt Footwear, están relacionadas con la horma estrecha del calzado. Nos referimos a los juanetes, a los dedos en garra, a las uñas encarnadas y a la aparición de rozaduras y callosidades.

Esta condición afecta tanto a hombres como a mujeres. Como regla general, cualquier calzado nos debe permitir estirar y mover los dedos de los pies, en lugar de aprisionarlos o empujar unos contra otros. Para los pies es más saludable una horma redonda que una horma estrecha, aunque estéticamente estilice menos.

La deformación de los pies aumenta en cuanto el tacón va ganando altura. Ya que provoca un efecto de embudo que empuja el conjunto del pie hacia la punta. Haciendo que los dedos se apiñen unos contra otros y que adopten una posición forzada.

Lo podemos ver en los zapatos stiletto, zapatos de tacón de aguja, con una altura de entre 8 y 10 cm, cuando no más, y con un diseño puntiagudo. Estéticamente, da la imagen de que la pierna se alarga, de que el pie es una prolongación de la pierna, generando la impresión de pierna infinita. Pero en los hechos lo que estamos haciendo es aprisionar los dedos de los pies.

Algo parecido sucede con las botas vaqueras. Aquí ganamos en estabilidad, ya que la superficie del tacón es más ancha, pero igualmente, el pie se va desplazando hacia una punta que se va estrechando progresivamente. Estas botas se diseñaban así para que pudieran entrar en los estribos del caballo. Eran botas para cabalgar, no para caminar con ellas.

Cabe destacar que la deformación de los pies no es solo un asunto estético. Problemas como los juanetes o los callos en los dedos de los pies pueden causar mucho dolor y afectar a nuestra calidad de vida.

Abusar de las zapatillas deportivas.  

En el lado contrario, el de priorizar la comodidad frente a la estética, ha ganado fuerza la tendencia de llevar zapatillas deportivas todos los días, a todas horas. Las llevamos incluso con traje, para ir a la oficina.

El periódico La Verdad, de Murcia, nos dice que tampoco es buena idea. Las zapatillas deportivas ofrecen un acolchado especial que está pensado para proteger al pie y a las articulaciones cuando practicamos deporte. Si las llevamos continuamente, corremos el riesgo de ir debilitando la musculatura del pie. Haciéndola más vulnerable a que sufra cualquier tipo de lesión, tanto en el pie como en las articulaciones que intervienen en la marcha, como tobillos y rodillas; y a que nos cueste más recuperarnos cuando las padezcamos.

Por otro lado, las deportivas, que están pensadas para usarse en momentos puntuales, al utilizarse todos los días, la suela y los refuerzos interiores se desgastan con más rapidez. Un desgaste que va a provocar alteraciones en la pisada y en la marcha. Lo que otra vez más aumenta las probabilidades de sufrir lesiones.

Ahora que hemos encontrado la panacea de la comodidad en el empleo de zapatillas deportivas de uso habitual, tampoco vamos a olvidarnos de ellas. Lo que es conveniente es alternarlas con calzado más duro, como zapatos de cordones o botas de piel.

De esta manera también facilitamos que el calzado se airee en su interior. Disipando la humedad, que favorece la concentración de hongos. Otro de los riesgos que presenta usar zapatillas deportivas a diario.

Para cuidar nuestros pies debemos usar diferentes tipos de calzado, que nos sintamos cómodos con ellos y con los que sigamos una cierta alternancia. Elegir el calzado no es solo un asunto estético; tiene una importancia primordial para la salud.

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