Todos hemos oído hablar de la anestesia y su hermana pequeña, la sedación. Cuando se escucha la palabra anestesia unida a general, es común echarse a temblar y pensar en las posibles consecuencias. Por el contrario, cuando se hablar de sedación, surgen dudas sobre si el procedimiento médico va a ser doloroso. Las dudas entre ambos tipos de tratamiento, previo a una intervención quirúrgica o invasiva, son lógicas y comprensibles. Sobre todo si nunca has tenido que pasar por este trance.
Sin embargo, en la actualidad, los avances y los estudios realizados, proporcionan gran tranquilidad a los pacientes que la requieren. Se trata de procedimientos seguros que no tienen por qué resultar dañinos. No obstante, conviene saber todo lo necesario al respecto para saber de qué se trata cada uno de ellos y, antes la situación de tener que recurrir a ellos, tener conocimiento de en qué consiste y cuáles son las consecuencias.
Algunos campos de la medicina son más proclives a hacer uso de anestesias o sedaciones, como por ejemplo la cirugía o la odontología. Comprender la diferencia entre la sedación y la anestesia, así como sus diferentes tipos, es indispensable para evitar confusiones y garantizar que la experiencia del paciente, sea cómoda y segura. Hay que recordar que ambos procedimientos, se utilizan para evitar que los pacientes sientan dolor, ante operaciones, pruebas o tratamientos invasivos e incómodos.
La anestesia general es una técnica que consiste en inducir un sueño profundo, eliminando el dolor, la conciencia y la memoria del paciente. Durante la anestesia, no existe respuesta a los estímulos, se relajan todos los músculos y, en consecuencia, se pierde la capacidad respiratoria por voluntad propia, lo que implica la necesidad de recurrir a máquinas para mantener la respiración.
En cambio, la sedación consciente, consiste en un estado de relajación profunda, inducida por medicamentos. En este caso, el paciente permanece medianamente despierto, conserva la capacidad de respuesta ante estímulos leves y respira por cuenta propia. Al mismo tiempo se experimenta reducción de la ansiedad, el dolor y el malestar.
La anestesia y sus tipos
Empezamos por la técnica de mayor intensidad, la anestesia general. Aunque en odontología no es habitual recurrir a este tipo de anestesia, los profesionales de Clínica Cubero nos explican en que consiste. Para empezar, se trata de un tipo de anestesia que solo se realiza en un entorno hospitalario por médicos anestesiólogos. No puede ser de otra manera debido a que se trata de una técnica que provoca un coma inducido en el paciente. Aparte de esta inconsciencia total, se busca una analgesia completa en el paciente, una parálisis muscular y la pérdida de reflejos.
Para alcanzar este nivel de inconsciencia, se utiliza una combinación de fármacos que incluye opiáceos, hipnóticos, relajantes musculares, fármacos vasoactivos, analgésicos y antiinflamatorios. Con este coctel cualquiera no claudica.
La respuesta del organismo ante esta combinación explosiva, es la parada de la función respiratoria, por lo que se recurre a un respirador artificial y la intubación para mantener la función ventilatoria. Al mismo tiempo, la función cardiovascular se atenúa de forma parcial, por lo que es indispensable contar con una monitorización completa: profundidad anestésica, electrocardiograma, tensión arterial, frecuencia respiratoria, parámetros respiratorios, diuresis, temperatura…
Después de una anestesia general, el paciente debe seguir vigilado en una unidad de recuperación post anestésica, controlada por médicos anestesiólogos.
En un grado inferior, encontramos la anestesia local. Este tipo de anestesia, light al lado de la general, se inyecta a nivel del tejido celular subcutáneo, una combinación de fármacos anestésicos. Estos actúan localmente en la zona o región en la que se han administrado. Son capaces de bloquear de forma reversible la conducción del impulso nervioso hacia el sistema nervioso central, dando lugar a la pérdida de sensibilidad, aunque la función se recupera por completo cuando pasa el efecto.
La anestesia local puede ser administrada por diversos profesionales sanitarios sin necesidad de que sean anestesistas: médicos, odontólogos, enfermeras o podólogos, están cualificados para su administración, cuando deben proporcionar analgesia a sus pacientes.
Los tipos de sedación
El campo de la sedación cuenta con varios tipos, como sucede con la anestesia. Cada uno de ellos, adecuado para una serie de procedimientos. La sedación endovenosa, una de las técnicas más recurrentes en algunos campos de la medicina. Esta técnica anestésica, consiste en la administración de fármacos para lograr una relajación, tranquilidad y desconexión del entorno. La vía más utilizada es la endovenosa, aunque puede administrarse por vía oral.
Los fármacos sedantes utilizados, actúan sobre el sistema nervioso central, alterando su función en mayor o menor grado. En función de la intensidad y efecto sobre el SNC, se clasifica en:
- Sedación leve o ansiolisis: las dosis que se utilizan son pequeñas, pudiendo administrarse por vía oral o endovenosa. El paciente está totalmente consciente y se puede conversar con él. No afecta a su función respiratoria, disminuye el nivel de ansiedad y recuerda el tratamiento, aunque se pierda algún detalle.
- Sedación moderada o consciente: se incrementa la dosis de fármacos, pudiendo combinarse más de uno. El nivel de consciencia del paciente disminuye levemente, con tendencia a la somnolencia, aunque se puede interactuar con el verbalmente y responde al tacto. Puede mantener los ojos abiertos, por lo que se denomina consciente. La función respiratoria puede alterarse de forma leve, siendo más superficial y de menor frecuencia. Algunos pacientes pueden roncar en consecuencia, lo que se evita administrando oxigenoterapia. El paciente puede presentar amnesia anterógada y tener lagunas a posteriori. Permite un estado de relajación más intenso.
- Sedación profunda o inconsciente: la dosis de fármacos es generosa y se recurre en ocasiones a aparatos de infusión endovenosa. El paciente permanece inconsciente durante la sedación y, solo, responde ante estímulos, sin poder mantener una conversación. Sufrirá amnesia total sobre lo ocurrido durante la sedación. La función respiratoria puede verse afectada, se mantiene la respiración espontánea pero se pierden los reflejos como la tos o la deglución. Es obligatorio utilizar oxigenoterapia y material de manejo de la vía aérea por si es necesario ventilar al paciente. Requiere monitorización de las constantes vitales y, el paciente debe permanecer en recuperación y vigilado tras la sedación.
Los tipos de sedación pueden utilizarse en un mismo paciente, en función de la dosis de fármacos administrada. Se trata de un proceso dinámico que puede aumentar o disminuir su intensidad, según las necesidades del paciente y el tipo de tratamiento.
Diferencias entre anestesia general y sedación consciente
Las técnicas más habituales son la anestesia general y la sedación consciente, por lo que vamos a hablar sobre sus diferencias, más allá del nivel de consciencia del paciente, aunque es la diferencia más notable.
Con la anestesia general, el paciente permanece totalmente inconsciente, como ya hemos explicado. No posee ningún tipo de participación o respuesta durante el procedimiento. Al contrario de lo que sucede con la sedación consciente, en la que el paciente, permanece medianamente despierto y consciente, en un estado de relajación profunda pero con la capacidad de responder a estímulos y seguir ordenes sencillas, aunque luego no lo recuerde.
En cuanto a la respuesta al dolor, la anestesia general bloquea por completo la sensación de dolor, en tanto que la sedación, reduce el malestar y la ansiedad, pero no necesariamente elimina el dolor totalmente.
Ambas técnicas pueden administrarse por vía endovenosa o inhalada, pero con diferencias en los fármacos utilizados, la potencia y la cantidad administrada. Siendo la anestesia general mayor en cantidad y potencia, como es lógico.
La elección de la técnica de anestesia o sedación, va en función de varios factores. En principio el anestesista es quien decide la técnica adecuada, teniendo en cuenta aspectos como el procedimiento, la duración del mismo, la localización, la salud del paciente y las preferencias personales.
En el campo de la odontología en particular, por lo general, se recurre a la sedación consciente. Esto es así debido a que los procedimientos a realizar en la mayoría de los casos, son menos invasivos que en cirugía, por ejemplo. Se indica sobre todo, en pacientes que experimentan ansiedad moderada, siendo la sedación consciente una opción adecuada.
La elección entre una anestesia general y la sedación consciente, debe basarse en una evaluación y análisis de las necesidades individuales de cada paciente, así como en la naturaleza del procedimiento o intervención a realizar. No obstante, llegado el momento de tener que someterse a un tratamiento dental o una intervención quirúrgica, lo mejor es hablar con el profesional en cuestión, para recibir la información y orientación necesaria, basada en la persona que va a pasar por el procedimiento.
Hay que recordar que estas técnicas, tienen como objetivo garantizar que la experiencia en el procedimiento sea segura, cómoda y sin dolor. Para muchos, la anestesia general o la sedación profunda son ideales porque pierden totalmente la consciencia. Para otros, sucede justo lo contrario, no quieren dejar de ser conscientes de lo que pasa en su vida… lo que si tenemos todos en común es que no queremos sentir dolor. Tanto si se trata de un implante dental, como de una cirugía de mayor envergadura. Por eso existe una técnica para cada situación.