Cómo cuidar tus pestañas

pestañas

Las pestañas protegen tus ojos del polvo, del sudor y de cualquier partícula que pueda entrar y causar irritación. Pero claro, también tienen un papel importante en cómo te ves, porque enmarcan la mirada y le dan expresión. Si las descuidas, terminan siendo frágiles, desiguales o con huequitos que cuestan semanas en recuperarse.

Así como cuidas tu piel o tu cabello, tus pestañas también necesitan que las cuides. Y aunque no lo parezca, son más sensibles de lo que crees: sufren con el maquillaje, con los desmaquillantes agresivos, con el uso de rizadores y con los malos hábitos del día a día.

Hay formas sencillas de mantenerlas sanas y fuertes, y hoy vamos a explicarte cuáles son.

 

Tus pestañas se dañan más de lo que imaginas

Las pestañas parecen resistentes porque las vemos ahí todos los días, pero en realidad son pelos finos y muy delicados. Cada una tiene su propio ciclo de vida, y eso significa que, de forma natural, se caen y se renuevan cada cierto tiempo. Lo que pasa es que, con algunos hábitos, ese ciclo se acelera o se interrumpe, y ahí empiezan los problemas.

Uno de los errores más comunes es dormir con el maquillaje puesto. El rímel, sobre todo si es a prueba de agua, endurece las pestañas. Cuando duermes así, se quiebran con el roce de la almohada o se caen al frotarte los ojos. Además, los restos de maquillaje tapan los folículos, impidiendo que crezcan nuevas pestañas.

Otro factor es el uso del rizador. Si lo usas con demasiada presión o cuando aún tienes el rímel fresco, puedes arrancarlas de raíz sin darte cuenta. Y lo mismo pasa cuando intentas quitarte las pestañas postizas o las extensiones con prisas: al tirar del pegamento, terminas llevándote las tuyas naturales.

El estrés también influye. Aunque suene exagerado, hay personas que sufren una caída más notoria en épocas de tensión. Esto se debe a que el estrés altera el ciclo del crecimiento capilar, y las pestañas no son la excepción.

Y, por último, los productos inadecuados. Algunos desmaquillantes contienen alcohol o ingredientes que resecan la piel y el vello. Si después de limpiar tus ojos notas que las pestañas se sienten rígidas o secas, probablemente estás usando algo demasiado fuerte para esa zona.

 

Cómo limpiar las pestañas sin dañarlas

No basta con pasar un algodón rápido. Si te maquillas todos los días, hay que hacerlo con más cuidado.

Usa un desmaquillante suave, preferiblemente bifásico o con base oleosa. Este tipo de fórmula disuelve el rímel sin necesidad de frotar demasiado. Empapa un disco de algodón, colócalo sobre tus párpados cerrados y déjalo unos segundos para que el producto actúe. Después, desliza suavemente sin hacer presión.

Si prefieres una alternativa más natural, algunos aceites funcionan bien, como el de ricino o el de almendras. Además de limpiar, hidratan y nutren las pestañas, pero deben aplicarse en pequeñas cantidades para evitar que entre aceite al ojo.

Cuando termines de limpiar, seca la zona con una toalla suave o con papel tisú, sin restregar. La idea es mantener la raíz limpia y libre de residuos, porque ahí es donde empieza el crecimiento.

Evita usar toallitas desmaquillantes todos los días. Aunque parezcan prácticas, suelen tener fragancias o conservantes que irritan los ojos y resecan la piel del párpado.

La limpieza correcta marca la diferencia. Si lo haces bien, las pestañas no solo se ven más sanas, sino que también duran más antes de caer.

 

La hidratación es el paso que casi nadie hace

Muchos se preocupan por hidratar la piel o el cabello, pero se olvidan de las pestañas. Y sí, ellas también se resecan. El aire, el maquillaje y la falta de limpieza pueden debilitarlas con el tiempo.

Unas gotas de aceite natural, como el de argán, jojoba o ricino, aplicadas con un cepillito limpio, ayudan a mantenerlas flexibles. Lo ideal es hacerlo por la noche, cuando ya no vas a maquillarte, para que el aceite actúe mientras duermes.

También existen serums específicos para pestañas, con ingredientes como biotina, pantenol o péptidos. No hacen milagros de un día para otro, pero si los usas con constancia, fortalecen la raíz y mejoran el crecimiento.

Basta con aplicar una capa fina, sin que escurra, y ser constante. Igual que con el cuidado de la piel, los resultados llegan con el tiempo, no con el exceso.

 

Cuidados diarios que realmente funcionan

A veces los pequeños hábitos son los que más influyen. Si te frotas los ojos con frecuencia, estás debilitando la base de las pestañas sin darte cuenta. Ese gesto repetido puede causar que se caigan antes de tiempo.

También es importante no compartir productos de maquillaje, especialmente el rímel. El cepillo acumula bacterias, y compartirlo puede causar infecciones o irritaciones que afectan el crecimiento de las pestañas.

Cuando compres un nuevo rímel, revisa que no esté seco o grumoso. Un producto en mal estado puede pegar las pestañas y romperlas al intentar separarlas. Además, recuerda que el rímel tiene fecha de caducidad: lo ideal es cambiarlo cada tres o cuatro meses, aunque no se haya terminado.

Si usas rizador, aplícalo antes del rímel, nunca después. Y hazlo con movimientos suaves, sin presionar con fuerza. Si el rizador tiene las gomas deterioradas, cámbialas; de lo contrario, pueden cortar las pestañas.

Y algo más: evita las extensiones permanentes por periodos largos. Aunque son prácticas, el pegamento puede debilitar tus pestañas naturales con el tiempo. Si decides ponértelas, deja pasar unos días entre una aplicación y otra para que tus pestañas descansen.

 

Productos para el cuidado de las pestañas: lo que sí vale la pena usar

Hoy existen muchos productos que prometen fortalecer o alargar las pestañas, pero no todos cumplen lo que dicen. Antes de usar cualquiera, conviene saber qué ingredientes buscar y cuáles evitar.

Los productos con pantenol, biotina y extractos naturales suelen ayudar a mantenerlas flexibles y a estimular su crecimiento. En cambio, los que contienen alcohol o fragancias sintéticas pueden causar irritación y resecar la raíz.

Levellash, una empresa que trabaja con tratamientos naturales para el crecimiento de pestañas, recomienda usar productos formulados con péptidos y aceites vegetales ligeros, porque estos ingredientes fortalecen la fibra sin apelmazar ni causar irritación.  De hecho, en su tienda online se puede comprar este serum para pestañas con ingredientes naturales y sugieren aplicarlo por la noche, cuando la piel está más receptiva a los nutrientes y el producto puede actuar durante varias horas.

Este tipo de consejos, aunque parezcan simples, se notan muchísimo. No necesitas usar demasiados productos, sino elegir uno que realmente cumpla una función: proteger, nutrir o estimular el crecimiento.

Y, como con cualquier otro tratamiento, la clave está en la constancia. Ningún serum o aceite funciona en una semana, pero con un uso diario y una limpieza adecuada, los resultados se notan después de unas cuatro a seis semanas.

 

Qué hacer cuando tus pestañas ya están dañadas

Si notas que tus pestañas se caen más de lo normal, están más cortas o desiguales, lo mejor es darles un descanso de cualquier producto cosmético. Evita el rímel por unos días y enfócate en limpiarlas e hidratarlas bien.

Los aceites naturales pueden ayudar, pero también es importante cuidar tu alimentación. El cabello y las pestañas reflejan tu estado interno. Una dieta con suficientes proteínas, hierro y vitaminas del grupo B influye directamente en su fortaleza.

En algunos casos, si la caída es muy abundante o se acompaña de picazón o enrojecimiento, puede tratarse de una blefaritis o una reacción alérgica. En esas situaciones, lo más recomendable es consultar a un dermatólogo o a un oftalmólogo antes de aplicar cualquier producto.

Recuerda que las pestañas tienen un ciclo de vida: nacen, crecen y caen. Si se han debilitado, con un poco de paciencia y buenos cuidados, volverán a su ritmo normal. Lo importante es no forzarlas ni someterlas a tratamientos agresivos.

 

Acepta el consejo exprés de un amigo

Sé constante: no hay producto, truco ni remedio que funcione si no lo aplicas con regularidad.  El crecimiento y la fortaleza de las pestañas dependen más de la rutina que del milagro.

Dedica unos minutos cada noche a limpiar bien la zona, hidratar con algo suave y dejar que descansen sin rímel. En poco tiempo notarás que se caen menos y se ven más firmes. No hace falta tener un arsenal de cosméticos, solo un poco de cuidado diario y paciencia. Al final, cuidar las pestañas es como cualquier hábito: si lo haces parte de tu día a día, el resultado llega solo.

 

Una mirada que cuidas tú

Cuidar tus pestañas no es una moda ni una tarea complicada. Es una forma de darle atención a una parte del rostro que cumple una función real y que, con el tiempo, puede reflejar tu nivel de cuidado general.

Cuando las limpias correctamente, las hidratas y evitas los productos que las maltratan, no solo se ven mejor: también se fortalecen. Lo que empieza como un pequeño hábito termina siendo una parte natural de tu rutina.

No necesitas seguir trucos extraños ni depender de cosméticos milagrosos. Lo que más influye es la constancia. Con un poco de tiempo cada noche, un buen desmaquillante y un producto adecuado, tus pestañas pueden recuperarse y mantenerse firmes.

La diferencia está en cómo las tratas. Y si les das el mismo cuidado que das a tu piel o a tu cabello, verás que tu mirada también cambia: más limpia, más abierta y con unas pestañas que realmente reflejan que las estás cuidando.

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