Pladur vs ladrillo: qué prefieren las empresas constructoras hoy y por qué

Pladur

Te juro que hasta hacía poco más de 2 años no tenía ni pajolera idea de lo que es el pladur, ni para qué se usaba. ¡Ni siquiera que existía! Lo descubrí porque mi cuñado es albañil, peón de albañil, y a veces cuando llega a casa nos explica comiendo cosas que ha hecho durante el día.

El otro día hizo algo con pladur, y la verdad es que me sonó algo tan extraño que me tuve que poner a investigar. Ahora te lo quiero contar a ti.

 

El ladrillo en la construcción

Mi cuñado me contó que trabajar con ladrillo es la parte más física de muchas obras. Hay que cargar muchísimo peso, mover sacos, preparar la mezcla y colocar ladrillos, todos uno por uno. Después de varias horas haciendo eso, llegas a casa súper cansado, como es evidente, porque no solo mueves diez, mueves muchísimos. Decenas, puede que cientos. Por eso muchos albañiles terminan reventados físicamente.

Pero las constructoras siguen usando muchísimo, sobre todo en paredes exteriores o en zonas donde hace falta algo fuerte y duradero. El ladrillo aguanta golpes mucho mejor que el pladur, se ve mucho más resistente a simple vista, y por eso la gente todavía confía más en una pared de ladrillos, porque mentalmente la relaciona con resistencia.

Además, el ladrillo soporta muy bien el paso del tiempo. Si te fijas bien cuando camines por la calle, vas a ver edificios muy antiguos hechos prácticamente enteros de ladrillo que siguen perfectos décadas después, más enteros incluso que los que se hacen hoy día, que parece que se van a caer a cachos con cualquier ventorral, y por eso muchísima gente sigue prefiriendo este material por encima de todos los materiales que hay en el mercado para la construcción. Y claro, las constructoras tampoco van a dejarlo de lado porque sigue funcionando genial para muchísimas cosas.

El problema es que también entran en juego el tiempo y el dinero, porque levantar paredes de ladrillo lleva muchísimo más trabajo, así que es más lento, más pesado y más sucio. Por eso, el pladur empieza a ganar terreno, porque son mucho más rápidos y sencillos de instalar que los ladrillos, y eso es lo que hoy prima.

 

El pladur ahora está en auge

Por otra parte, el pladur se monta sobre estructuras metálicas y luego se atornillan las placas. Después se hacen las juntas, se lija, se pinta y al final se quedan instaladas con mucho menos esfuerzo y trabajo que el ladrillo, así que por eso muchas personas están empezando a preferirlos por encima de los ladrillos.

Mientras que con ladrillo necesitas de muchísimo tiempo para levantar paredes, con el pladur puedes dividir habitaciones enteras en muy poco tiempo, así que las nuevas construcciones van mucho más rápidas y que se reducen mucho los costes. Y como hoy las empresas quieren sobre todo ahorrar dinero, pues ya lo tienen todo decidido: prefieren el pladur.

Además, ensucia mucho menos. El ladrillo genera polvo y escombros. El pladur también ensucia, obviamente, pero, comparado con levantar paredes, el cambio es enorme. Por eso se usa muchísimo en reformas modernas donde quieren evitar destrozar media vivienda.

Y luego está el tema del aislamiento: mucha gente piensa que el pladur aísla peor, pero depende muchísimo de cómo esté montado. Mi cuñado me contó que dentro meten materiales aislantes que ayudan con el sonido y la temperatura, así que puedes tener paredes bastante cómodas sin necesidad de hacer muros gigantescos como fortalezas medievales.

 

Las constructoras prefieren rapidez

Hoy las empresas, sobre todo las constructoras, viven obsesionadas con los plazos: todo tiene que terminar rápido, porque los clientes quieren entrar cuanto antes en sus casas, las promotoras quieren vender rápido y cada día extra de obra significa gastar más dinero. Por todo eso, el pladur es el nuevo favorito.

Mi cuñado me ha dicho que hay obras donde se trabaja contrarreloj: cada semana cuenta, cada retraso molesta… y cuando me dijo eso, entendí por qué muchas veces llegaba tan cansado y estresado a casa. Y como el pladur acelera muchísimo el proceso, es mucho más sencillo y menos cansado trabajar con él. Y si encima ahorra tiempo y dinero… tienes un combo bueno bueno.

Además, los profesionales de Vidroplast Cantabria,  distribuidor de impermeabilizantes en Santander y Cantabria (y quienes también trabajan con pladur), nos explican que el pladur pesa menos. Parece una tontería, pero mover materiales pesados todo el tiempo acaba agotando muchísimo. Si se usan materiales ligeros, como el pladur, todo es más rápido (y seguro para los trabajadores, porque no cargan tanto peso).

Encima, con el pladur nada queda a la vista: los tubos, cables, el aire acondicionado, las luces… todo se oculta muy bien, y por eso muchas casas modernas tienen techos con focos integrados y acabados súper limpios. Con ladrillo hacer eso puede ser una pesadilla y un horror terrible para los trabajadores, así que incluso ellos empiezan a preferir el pladur.

 

A pesar de ello, para construcciones bestias, el ladrillo vence

Si alguien quiere colgar muebles pesados, televisiones enormes o estanterías muy bestias, el ladrillo sigue dando muchísima confianza porque aguanta muchísimo peso.

Mi cuñado siempre se ríe diciendo que algunas personas tratan las paredes de pladur como si fueran bunkers militares, que meten tornillos donde no deberían de ponerlo, y claro, entonces pasan cosas malas porque no están preparados para ello. El pladur necesita sistemas específicos para soportar peso, así que hay que tenerlo en cuenta, pero a pesar de todo esto ladrillo sigue siendo el mejor para soportar el peso.

Por supuesto, también es mejor para soportar golpes. En una casa normal nadie va dando puñetazos a las paredes, obviamente, pero el ladrillo resiste mejor los accidentes típicos: un golpe fuerte, mover muebles, un despiste cargando algo… el ladrillo suele soportar más castigo, y por eso mucha gente todavía lo asocia con mayor calidad.

 

¿Qué necesitas realmente: ladrillo o pladur?

  • Si lo que necesitas es algo que aguante años sin que tengas que estar pendiente cada dos por tres, el ladrillo es lo más seguro. Es el típico material que aguanta golpes, peso y el paso del tiempo. Para paredes exteriores o zonas donde vas a colgar cosas pesadas, es de lo más fiable que vas a encontrar.
  • Si eres de los que cambian cosas en casa cada dos por tres, mueven muebles o no quieren comerse la cabeza con si algo aguanta o no, el ladrillo te da más tranquilidad. No es que el pladur sea malo, pero el ladrillo sabes que va a aguantar todo lo que le eches encima sin problemas.
  • Si lo que quieres es rapidez y no complicarte con obras que duren muchísimo, el pladur te encaja muchísimo mejor. Se monta rápido, avanza sin tanto caos y evita que la casa se convierta en un sitio lleno de polvo durante semanas.
  • Si quieres cambiar la distribución de una casa, hacer habitaciones nuevas o mover espacios sin liarte demasiado, el pladur es lo más práctico. Permite levantar paredes interiores fácil y rápido, sin convertir todo en una obra infinita.
  • Si te mola lo moderno, como las luces escondidas, techos bajados o las instalaciones que no se ven, el pladur es el camino fácil, porque te permite esconder cables y tubos, y el resultado queda bastante limpio y actual.
  • Una cosa importante: no sirve de nada obsesionarse solo con el material. Da igual que sea ladrillo o pladur si está mal instalado, una pared mal hecha siempre da problemas, así que aquí importa muchísimo quién trabaja y cómo lo hace.
  • Y esto es clave: no hace falta elegir uno y odiar el otro. En casi todas las casas modernas se usan los dos. Ladrillo para lo fuerte y estructural, pladur para lo rápido y práctico dentro de casa.

 

¿Calidad o precio?

¿Soy la única que piensa que ahora todo tiene que hacerse rápido sí o sí? Ahora parece que hacer las cosas más rápido fuese más importante que hacer las cosas bien, y me da muchísima rabia. Porque esto no pasa solo con las casas, pasa con literalmente todo. Antes alguien compraba una mesa y esa mesa duraba media vida, las hacían carpinteros profesionales con madera buena de verdad, como roble. La calculaba, la cortaba, la preparaba y la construía con sus propias manos, y luego la veías en la casa de tus abuelos, luego acababa en otra casa y seguía perfecta después de años y años. Ahora compras muebles que vienen en una caja con veinte tornillos, tardas tres horas en montarlos mientras pierdes la paciencia y, al cabo de unos años, empiezan a moverse más que un carrito de supermercado roto.

Y con las viviendas pasa exactamente igual. Muchas veces parece que lo importante es construir rápido, vender rápido y empezar otra obra todavía más rápido para venderla. Como si no hubiese suficientes viviendas vacías… Y claro, materiales como el pladur vienen genial porque permiten ahorrar muchísimo tiempo. Pero pienso a que casi nadie le importa ya cuánto van a durar realmente las cosas. Mientras el piso quede moderno, bonito y listo para hacer cuatro fotos, parece suficiente.

No quiero sonar como si el pladur fuese horrible. Bien instalado, funciona súper bien y tiene muchísimas ventajas. Pero el problema no es el material, el problema es esa obsesión por ahorrar en absolutamente todo. Solo importa gastar menos y terminar antes, y al final la calidad empieza a bajar poquito a poco porque, si quieres ahorrar, tienes que sacrificar o en tiempo, o en materiales buenos.

Vivimos acostumbrados a cambiarlo todo constantemente: reformas cada pocos años, muebles nuevos todo el rato, decoración distinta cada temporada… Y sinceramente, eso da un poco de pena, porque me da la sensación de tener algo sólido, resistente y hecho para aguantar muchísimos años también tiene valor. Y mucho más del que parece. Al menos, a mi parecer. ¿Y si empezamos a cambiar un poquito nuestra forma de pensar y valorar las cosas?

 

Construir rápido no siempre significa construir bien

Cuando se intenta hacer muy rápido una obra, se recortan tiempos de secado, se fuerza el montaje de estructuras, se simplifican procesos y, en algunos casos, se usa material más barato o menos resistente. El problema es que, cuando el edificio ya está lleno de gente viviendo dentro, es cuando empiezan a surgir los problemas.

Uno de los ejemplos más claros sobre esto es el del Rana Plaza en Bangladesh. Ese edificio industrial se construyó y modificó sin el control necesario, añadiendo plantas y cargas que la estructura no podía soportar. El resultado fue un colapso total. Como ves, este caso de una construcción rápida que no pensó en la seguridad real es un buen ejemplo de por qué hacer esto no es una buena idea.

En España también se han visto, sobre todo durante el boom inmobiliario. En esa época se construía a una velocidad muy grande para vender viviendas cuanto antes. Muchas promociones salieron adelante en muy poco tiempo, pero después aparecieron grietas prematuras, humedades antes de lo normal o acabados que no aguantaban el uso diario de las personas.

 

Una casa no es algo para hacer rápido y ya está

En una obra hay materiales que necesitan su tiempo, como el hormigón, que no se puede forzar porque si no no queda bien. También hay estructuras que tienen que revisarse antes de seguir avanzando. Cuando todo se hace deprisa, a veces las cosas no se asientan como deberían. Al principio puede parecer que está todo perfecto, pero con el paso del tiempo es cuando se nota si las cosas se han hecho con cuidado o con demasiada prisa.

Piensa que en esa casa que estás reformando o construyendo vas a vivir el resto de tu vida, y no solo tú: también va a vivir allí el resto de tu familia. ¿No es mejor llevarlos a un sitio seguro, más que a un sitio lo más pronto posible? Creo que en este tipo de situaciones y de decisiones no debería de primar la rapidez o gastar más o menos dinero, sino que sea de buena calidad… y, sobre todo, seguro.

¿De verdad estamos negociando con seguridad? Si esto es así… paren el mundo, que me bajo.

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